11 febrero 2022

RUTA 7 (IV) . LA COMA DE BURG (II). FARRERA. Sant Roc de Farrera. ALENDO. Sta. Eulalia de Alendo.

Continuamos ascendiendo por la coma de Burg hacia Farrera, sin dejar de detenernos un par de veces para disfrutar del impresionante paisaje.


A dos kilómetros, elevada a 1359 m. sobre una colina, se encuentra la capital histórica del municipio homónimo, guardando en su silueta la herencia medieval, documentada desde el siglo IX.

Al otro lado podemos apreciar la imagen de pesebre de Burg.


Antes de ascender al interior del pueblo, un cruce a la izquierda nos orienta por el camino forestal de la Creu de Bedet, que vuelve a dividirse a unos cincuenta metros a la derecha hacia un grupo de Masías situadas por encima del casco antiguo.


FARRERA


Joan Coromines establece que es un topónimo de origen latino relacionado con el hierro


Farrera es citada en 908 en una permuta entre el abad de Santa Maria de Gerrri, Godemir y el conde de Pallars-Ribagorça, Ramón II.


Sus montañas ricas en hierro, explotadas desde tiempos inmemoriales, formaron parte de la industria del hierro de “la Vallferrera” hasta finales del siglo XIX, en el que se produce la gran crisis, con el consecuente abandono de sus agotadas minas y el primer éxodo del municipio, aunque el más importante descenso se produciría en la segunda mitad del siglo XX. 

En la actualidad son 32 los censados (2022).


Hacia el corazón medieval de Farrera nos dirigimos, ascendiendo encontraremos en la parte occidental del pueblo, un poco separada del resto de viviendas, el único alojamiento turístico publicitado.


Casa Tarrufa, es una casa rural de tres pisos modernamente restaurada que se alquila completa, con cuatro habitaciones, tres cuartos de baño y una capacidad máxima de 11 personas. Con pocas valoraciones, los usuarios de dan 9,4. Todos resaltan las hermosas vistas, la tranquilidad que se respira y el cálido trato de la María.


Antes de llegar a las primeras edificaciones, observando a la izquierda la fachada de iglesia de Sant Roc, vimos a nuestra derecha un grupo de coches aparcados, por lo que decidimos hacer lo mismo. Acertado, ya que dentro del pueblo tienes el riesgo de no poderlo hacer. 





Sant Roc (antigua Sta. Eulalia) de Farrera


En el acta de consagración de la Catedral de la Seu d’Urgell (1016-1024) ya se nombra a Farrera y su iglesia parroquial, dedicada entonces a Sta. Eulalia de Mérida y formando parte del Valle de Tírvia.


Aunque el edificio actual parece haber sido elevado en el siglo XIII, con importantes reformas en el siglo XVII/XVIII, todo indica que se levantó sobre uno anterior del siglo X/XI.


Será muy documentada en el siglo XIV, XV y XVI. Siendo en la visita pastoral de 1758 cuando  ya aparece advocada a Sant Roc, teniendo de sufragáneas a Sta. Eulalia de Alendo, St. Martí de Mallolís y el santuario de Sta. Magdalena de RibarelaEntrando en el siglo XX pasaría a depender de la parroquia de Llavorsí


El templo es de una sola nave rectangular, dividida en tres tramos por arcos fajones y rodeada por seis capillas laterales. Todo el edificio se mantiene bajo una bóveda de cañón que sostiene un techo a dos aguas cubierto de pizarra.


La pared oeste se encuentra adosada a la rocaLos muros son de piedra pizarrosa irregular sin desbastar.


La cabecera rectangular cuenta con una puerta de arco rebajado, sobre el que se abre un óculo y encima una pequeña ventana, unidos en una línea vertical desplazada del eje central de la fachada.


El museo Nacional d’Art de Cataluña (MNAC) conserva un frontal del altar pintado al temple,  adquirido a un anticuario por la Junta de Museos en 1911 por 2000 ptas. Algunos la indican de Gudiol, llamado el “mestre”de Andorra, situando la pintura de influencia bizantina a principios del siglo XIII.


Frontal románico del altar de Sant Roc de Farrera. MNAC.

Dividido en cinco partes, en la central se sitúa la majestad dentro de una mandorla dorada, sentado sobre un banco con cojines, reposando los pies también sobre un saco de tela. Su mensaje apocalíptico se expresa sobre su cabeza con un hilo blanco que une la letra alfa (Principio) con la Omega (Fin). Lo rodean los símbolos de los cuatro evangelistas. En el resto de los espacios se agrupan los doce apóstoles.


Según Walter W. S. Cook, en sus artículos sobre frontales españoles desaparecidos, dice conocer la existencia de un retablo del altar de esta iglesia, adquirido por Oleguer Junyet en 1919. En el transcurso de una cadena de adquisiciones sería troceado en tres partes, acabando saltando el charco para desembarcar en colecciones privadas de Nueva York. Casi una década después tardarían en empezar a salir a la luz las ahora desmembradas figuras, de las que doce se han localizado.



La vista del amplio paso bajo la torre campanario, ofrece la  postal medieval del pueblo.


Sobre una robusta base cuadrada, se alza un primer cuerpo rectangular y un segundo octogonal rebajado, en el que se abren cuatro ventanas con arco de medio punto. Solo observamos una campana.


Está cubierto por una pirámide octogonal irregular con baja inflexión en la base y revestida de pizarra.


Curiosa es la cruz que la corona, entre egipcia y maltesa, bajo la figura de una ave blanca que ejerce de veleta.



Delante de la fachada de la iglesia y tocando la torre, se encuentra un espacio informativo del Centre d’Art i Natura. Estaba cerrado, por lo que lo visitamos más tarde.


Cruzando bajo la ancha arcada de medio punto, puerta de entrada y salida del pueblo, sientes estar pisando un espacio milenario, en el que se almacenan las huellas de hombres y animales transitando de Occitania a la “Vall d’Urgell”. Incluso dicen que si andáis atentos, escuchareis el murmullo en su bóveda interior acumulando suspiros, risas, plegarias, quejas…



Al otro lado de la puerta se abre un poco el espacio, estábamos en la Plaza Mayor. Lo del nombre, ya que no hay otra, es el adecuado al lugar en el que se agrupa el pueblo para bailar en su Festa Major el 15 de Agosto.


Fijaros en la escalera que asciende por el lado derecho de la torre, a una edificación adherida a ella. No supe si pertenecía a la iglesia o era o fue la rectoría.


Aunque el pueblo se distribuye hoy a cada lado de la carretera que lo cruza, desde la plaza se observa inclinado el que probablemente fue el primer núcleo compacto de casas bajo la Roca Castelar, pedestal de la “Força” de Farrera, abandonada en el siglo XVI.


 


Las casas parecen elevarse unas sobre las otras, restauradas fachadas comparten con añejas construcciones la esencia rural de su arquitectura tradicional, están dispuestas irregularmente y sin calles que las separen, más que las que determinan la distancia entre sus fachadas.


Ascendimos con tranquilidad por el pueblo, en el que se anuncian con orgullo algunos señoriales apellidos de las 43 casas que un día mantuvo. 



Sin necesidad de llegar a la Roca Castelar, se puede apreciar el gran valor estratégico de su situación.

Un fondo verde de sinuosas colinas entre piramidales sierras, pueblos alzados sobre angostos barrancos, pequeñas islas verdes desarboladas sirviendo de pastos o huertos…


Habiendo llegado al final del pueblo retomamos el camino por la calle única, en dirección a la plaza Mayor, observando hacia el oeste las chimeneas sobre los tejados de pizarra, se delineaba de forma sinuosa un grupo de casas inclinadas hacia el barranco.



A sus pies y delante de las últimas casas se agrupaban pequeños campos de cultivos, entre ellos parte la senda que hacia el noroeste nos conduce a unos seiscientos metros a la ermita de la Vigen de la Sierra. Templo que identificamos antes de llegar a Burg.





Ermita de la Virgen de la Sierra


Situada en una loma rocosa en el centro de la Coma de Burg y custodiada por el barranco de Farrera y el de Burg, se encuentra este templo considerado, bien cultural de interés local


Se presupone una construcción del siglo XI, pero su primera mención se tiene en 1314, al ser visitada por los delegados del arzobispo de Tarragona en la condición de parroquia. Sorprende dada la situación del templo sin posibilidades de disponer de población próxima, ni se ha encontrado cementerio. Algunos indican que perdieron esa condición a lo largo de ese mismo siglo.


Según fuentes orales, pero sin testimonio documentado, se dice que en la guerra civil se utilizó el ábside como nido de ametralladoras produciéndose un boquete central.


La restauración de 2017, entre otros arreglos, sustituyó el caído techo de la nave y del ábside por la actual estructura de cerchas de madera, soportando un envigado horizontal del moderno tejado a dos aguas de la nave y del cuarto de esfera del ábside, los dos revestidos de pizarra. También se completó el ábside, recuperando el muro caído y la ventana central, junto con el encalado interior de la nave.


El templo es de una sola nave con una pequeña ábside semicircular. En la fachada principal se abre una puerta con arco de medio punto, manteniendo el parámetro rebozado de cal. En la fachada oriental hay otra puerta de medio punto tapiada. 


En el ábside se conserva una ventana de doble derrame con dintel de piedra tosca. En la fachada sur se abren una ventana de arco de medio punto a media altura y dos con dintel por debajo del envigado.


En general la sillería es de pequeña piedra pizarrosa sin desbastar dispuesta de forma ordenada. En la parte baja del muro norte parece presentarse los únicos testimonios de la sillería original.



Volvimos hacia la Plaza Mayor, cruzamos la torre y encontrándolo abierto (17 h.) intentamos recabar información del Centro d’Art i Natura (Centro de Arte y naturaleza)


Es una residencia para artistas e investigadores de ámbito municipal, gestionada por la asociación sin ánimo de lucro (Amics del CAN), que disfrutando de un entorno idílico para la creación, promueven proyectos artísticos centrados en la conservación del patrimonio natural y humano, con el objetivo de favorecer el desarrollo y la divulgación creativa, la investigación y el arte.


Los residentes no se tienen que preocupar por nada más que realizar su proyecto. El CAN se encarga de cubrir el resto de necesidades.

Cuenta con dos espacios: “L’Estudi”, es la antigua casa del maestro (se cerró la escuela en 1964) y rehabilitada se ha convertido en el apartamento. Anexo a la torre campanario se habilitó el espacio creativo en una moderna construcción sobre los fundamentos de un antiguo pajar.


La entidad mantiene un programa de cursos, seminarios y exposiciones, a la vez que trabaja con otros centros por la red en proyectos nacionales o internacionales.


Nos parecieron fascinantes sus principios y el trabajo que desarrollan, manteniendo un compromiso con el territorio, integrando las experiencias en la comunidad y su entorno.


En 2020, sería galardonado con el premio nacional de cultura por su gran labor educativa y el compromiso comunitario con la creación, desarrollado durante 25 años.



Senderismo desde Farrera


Recuerdo expuesta en el post anterior la ruta en 4x4 a la Creu de Beret y el resto de caminos forestales que desde allí parten, recorriendo desde Andorra a Vilamur toda la cordillera fronteriza que separó los condados. 


“Bordes de Tressó”


Son un conjunto de bordas situadas a cinco kilómetros de Farrera (alrededor de una hora y media caminando), ubicadas en el fondo de un bello y alto valle (1800 msnm), rodeado de amplias planicies desarboladas, prados en los que hoy solo pasturan vacas y caballos, pero en su día también fueron huertos.


El nombre proviene de la forma de “Y” de este valle, lo que provoca que el aire se mueva por tres puntos distintos a la vez, creando un singular sonido único en el mundo, según dicen místico, un mantra sonoro apropiado para la meditación, la relajación, el yoga….


Bordes de Tressó. Web del Albergue. bordesdetresso.com

Junto con algunas bordas en ruina, cohabitan un grupo de bien conservadas, entre las que encontraréis el Albergue Bordes de Tressó.

Si queréis saborear la sensación de desconexión y a la vez de unión con la naturaleza, parece ser este un lugar adecuado. Con una valoración de 9,8, los pocos usuarios que lo hicieron (2022) resaltan el maravilloso entorno en el que pasturan vacas y caballos, la calidez del albergue con agua caliente y su buena gastronomía.


Santa Magdalena de Riberola


Es una de las rutas de senderismo de la comarca que más ha crecido en este siglo. Desde Farrera se recorre la senda milenaria por el “barranc dels Clots” hasta la Creu de Bedet, pasando por las bordas de Tressó y desde allí alcanzaremos el santuario de Santa Magdalena de Riberola. La vuelta, un poco más larga, podría ser por el coll de Bedet, recorriendo la sierra de Burg.


Es un circuito circunvalatorio desde Farrera, que os puede llevar unas siete horas de tránsito, con una dificultad media, aunque con inclinadas cuestas que endurecen la marcha, pero en un fascinante entorno que os compensará el esfuerzo.


La excelente web del ayuntamiento de Farrera os presenta las seis rutas más interesantes, entre ellas está la anteriormente expuesta.


Por supuesto las propuestas de senderismo desde la Coma de Burg son muchas más, por lo que para completarlo aquí os dejo la amplia recopilación de Wikiloc.


En unos cinco minutos, saboreando con calma el paisaje, recorrimos el sinuoso Kilómetro y medio que nos separaban de Alendo, lugar en el que hoy residen 5 censados (2022), comenzaron este siglo con 1.



ALENDO


Alzado en una cresta montañosa a 1.278,3 msnm, está cercado al oeste por el barranco de Mallolís y a levante por el barranco de la coma de Farrera. Es la atalaya de un impresionante paisaje de sinuosas sierras tapizadas por un intenso verde y horadadas por profundos barrancos, contrastando en su vertiente oriental con las altas y agrestes solanas que limitan la coma de Burg.



Según parece Alendo pudo ser el primer núcleo poblado de la coma de Burg. Sería mencionado en el medievo en relación con su castillo del siglo XI.


Según Joan Corominesel topónimo es de origen iberovasco, ilin (harina) y bide (camino), significando: camino de la harina.


Algunos indican en base del vasco antiguo que su traducción correcta es: camino a Alins.

Siento no conocer el nombre del que hace la propuesta, ya que la encontré sin atenderse su autoría.


Pero en realidad, siendo la única población de municipio de Farrera y Tírvia que tiene un nombre de origen ibero/vasco, hace pensar que aunque Alendo en el medievo se situara en el camino que unía los campos de cereales de la Coma de Burg con los molinos de La Noguera Cardòs, pero en un posible origen anterior, parece adquirir mayor sentido el ser una aldea en el camino de la trashumancia hacia Alins (topónimo también iberovasco).

Al llegar al pueblo, un espacio al lado de la fuente con abrevadero nos puede dar la idea, si no hay más que un coche aparcado, el hacerlo también nosotros.

Si vuestra estancia es corta no hay problema, aunque una vez que tengáis delante el entorno probablemente la haréis más larga, en todo caso tener presente que la calle-carretera se pierde en el interior del pueblo y cabe la posibilidad de que alguien tenga que salir de allí y vuestro coche no lo permita.


Por lo que para tranquilidad de todos os propongo aparcar en la última curva viniendo de Farrera al lado de la carretera. Unos cien metros nos separan de la fuente.


Observar a la izquierda los activos e inclinados huertos, incluyendo árboles frutales.



Cuatro edificaciones, tres de principio del siglo XX y una anterior, se alinean hacia noroeste. La primera que encontramos al lado izquierdo de la fuente es Cal Jutge, nos pareció que la conformaban varias edificaciones.


En el espacio inmediato que nos encontramos, sorprende el descubrir los talleres de una empresa familiar de muebles a medida en este aislado entorno, aunque es indiscutible que madera no les falta.


Continuando por la calzada, descubrimos al otro lado otra casona, nos pareció cerrada pero habitada, posiblemente formando parte de Cal Jutge. 


Por encima de ella se situaba la única edificación anterior al siglo XX, Cal Pubill, nos pareció que no estaba habitada, pero tampoco la percibimos totalmente abandonada.


Me extrañó no observar las ruinas de anteriores construcciones, ya que a mediados del siglo XlX convivieron más de 60 almas.

Pasamos por la fachada occidental de Cal Jutge, en el que en el patio un amplio grupo familiar alrededor de una mesa, se mostraron atentos a saludarnos.


Son de aquellas situaciones que si te paras, sabes que estarán encantados de explicarte todo lo que en nuestra visita no serán más que conjeturas, pero lo dejamos para la vuelta, el personal se había traslado a otro lugar.


Llegamos al final del camino-calle, a unos veinte metros y al lado izquierdo se encuentra la cuarta edificación, era la casa Colé, aunque nosotros la conocimos en 2019 con el nombre de  “la Porqueta”, lugar rodeado de un ambiente creativo y una decoración museística, en el que te servían unas exquisitas creps, con un espléndido chocolate belga y un servicio encantador.


Se convirtieron en un punto de encuentro cultural, con íntimos conciertos, cursos de cocina, exposiciones de fotografía, etc.. Incluso en 2020 se propusieron hacer almuerzos y cenas… pero supongo que el COVID hizo imposible rentabilizar la propuesta… sus protagonistas siguen viviendo en el lugar.


A tan solo cincuenta metros de la casa, al otro lado del peñasco, podéis obtener una impresionante panorámica de 360º, en la que descubriréis los seis pueblos del Municipio de Farrera, rodeados de un paisaje de cuento. Imaginarse sobre los agrestes peñascos de los pueblos los castillos, con sus bosques y prados a sus pies…


Contemplar al sureste Farrera, ascendiendo Burg, la ermita de la Sierra….



Si continuamos desplazando la mirada hacia occidente, en el barranco de Glorieta podremos observar Montesclado, más difícil os será identificar bajo la arbolada a Glorieta y Mallolís.







A unos cincuenta metros desde el mirador, se presentaba la ermita de Santa Eulalia de Alendo, posiblemente el templo más interesante de la Coma de Burg.





Santa Eulalia de Alendo


Es indudable que para haberse mantenido hasta nuestros días en tan buen estado, ha tenido que sufrir buenas reformas, pero parecen haber sido pocas y en todo caso han respetado siempre la esencia humilde del primitivo y rústico templo románico.


Aparece por primera vez nombrada en la acta de consagración de la Catedral de la Seu d’Urgell. En 1073 el Obispo Bernat Guillem, dona la parroquia a su sobrino Orset para mantener el Castillo fiel a su causa.


Dos siglos después la Coma de Burg pasa al vizconde de Castellbó, haciéndose constancia de su continuidad parroquial dependiente del Obispado de la Seu d’Urgell.


No será hasta mediados del siglo XVIII que se vuelva a mencionar, dependiendo de la parroquia de Farrera.


Es una sencilla construcción de una sola nave con un ábside semicircular orientado a levante.



Cuenta con dos ventanas de doble derrame con arco de medio punto adoveladas, una al este y la otra en la fachada sur. La cubierta es a dos aguas revestida de pizarra.


El muro de poniente cuenta en la parte superior con una pequeña ventana rectangular; debajo, sin conocerse su función, está tapiada una gran ventana de medio punto con arco adovelado y situada a medio metro de altura del suelo.


La modesta puerta de arco de medio punto está situada casi en el centro del muro sur. Las regulares dovelas de la puerta y de las ventanas son de pumita (piedra pómez o pedre toba en catalán). Sobre ella sobresalen vigas que señalan un posible porche o cubierta.


Tiene una robusta espadaña de dos vanos con arco de medio punto adovelados, ajustada con armazón de hierro y situada sobre el arco triunfal, reforzado éste con contrafuertes.



En el interior, la zona absidal está cubierta por una bóveda ligeramente apuntada, con un desgastado y ancho arco triunfal que la une y diferencia de la naveSobre el humilde altar, presidiendo el templo está la imagen de Santa Eulalia de Mérida.


La cubierta es de cerchas de madera propias del románico, su excelente estado señala una reforma no muy lejana, aunque no la encontré documentada.


 


Llegamos al cruce que nos orientaba hacia el final de esta ruta: el valle del río Glorieta (Ruta 7 -V-).



                                         *      *      *      *      *


Los Mataplana. Tercera dinastía condal Pallaresa.

 

No encontré las razones que impulsaron a pedir Blanca de Bellera un crédito, recordemos que entonces esta familia era la feudataria de Tírvia y la Coma de Burg, ni conozco las circunstancias que devinieron, si se devolvió o no, pero los territorios entregados en panorama pasaron en 1272 al vizcondado de Castellbó/ Foix.


Las causas se sitúan en las triangulares luchas y ambiciones de los condes, reyes y Obispado de Urgell.


Blanca de Bellera, era esposa de Ramón Roger I del Pallars Sobirà, hermano del conde titular Arnau Roger I.


Ramón gobernaría el condado durante las ausencias de su hermano, dedicado en luchas nobiliarias contra Pere II el Gran, de las que hablamos en la Vall Ferrera.


También participó en la batalla de Balaguer (1280), la que representó la derrota del movimiento unionista aragonés. Siendo capturado, recibe el perdón real al abjurar su hermano obediencia al rey, pero él, una vez liberado, continuaría luchando contra Pere II junto con Roger Bernat III de Foix, en la llamada croada aragonesa” (cruzada aragonesa), la que justificaría la invasión francesa de 1285. 


Arnau murió inesperadamente a los 52 años, siendo mensajero del rey Alfons II el franc con los nobles unionistas aragoneses.


En 1288 Ramón Roger se hace con las riendas del condado, manteniendo fidelidad a la viuda condesa Lucrecia Làscara de Ventimiglia (nieta del emperador de Nicea)  y a las aspiraciones de proclamar condesa a su hija Gisel.la, al alcanzar la mayoría de edad. 


La principal oposición a ello la dirigirán los condes de Couserans, pretendiendo hacerse con el poder del Pallars Sobirà, alegando no aceptar la ausencia de varones que los sucedieran, dado que ello representaría perder el linaje en el Pallars Sobirà de la casa: Comenges. Recuerdo que de esta segunda dinastía condal del Pallars Sobirà, eran herederos los condes.


No se sabe lo que hubiera podido pasar, si hubiera tenido descendencia masculina con Blanca de Bellera, pero nos les acompañó esa suerte. 


Al convertirse en conde Ramón Arnau I se pone al lado del rey y se enfrenta a los nobles unionistas de Aragón, que hasta hacía poco había representado.

Escudo de la casa Mataplana según el Armorial de Gelre. Wikipedia.


Con ello conseguiría el soporte armado del rey, pudiendo controlar las ambiciones del vizconde de Couserans


En deuda, participaría en los conflictos nobiliarios de 1293, en los que aliados con los condes de Cardona, se enfrentaron con las fuerzas de los condes de Montcada, Ampurias y Urgel. 


Sibil.la conseguirá ser la primera condesa por herencia directa del Pallars Sobirà. Se casaría con Hug de Mataplana, que con siete hijos iniciaría la tercera y última dinastía condal del Pallars Sobirà: Los Mataplana.


La casa estaba formada por uno de los linajes más antiguos de la aristocracia catalana, remontándose a la leyenda de los “nueve varones de la Fama


Su hijo Arnau Roger II del Pallars, tendría que volverse a enfrentar a las pretensiones de los Comenges, ahora con la ayuda del conde de Foix y Vizconde de Castellbó por el sur y alimentadas por el rey de Francia. No consiguieron su objetivo gracias a la ayuda de las fuerzas del rey Alfons III, cuñado del conde, pero estuvieron cerca. 


A la muerte de Arnau Roger sin descendencia, hereda el condado su hermano Ramon Bernat, del que continuaría con su hijo la saga Mataplana hasta el último conde del Pallars Sobirà. Doce condes que no dejarían de enfrentarse a las ansias expansionistas de los condados franceses en los siglos XIV y XV.


Si la dinastía condal no hubiera sido modificada, ¿podría haber acabado el Pallars Sobirà siendo territorio francés o coprincipado tal Andorra?


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03 febrero 2022

RUTA 7 (V) TORRENTE DE GLORIETA. GLORIETA. S. Quirçe. MONTESCLADO. S. Esteve. MALLOLÍS. S. Martí.


El último post de esta ruta 7, transcurre por el valle del torrente Glorieta. Tres pueblos lo componen: Glorieta, Montesclado y Mallolís.

 Mapa cartográfico del ICGC



Regresando de Burg y antes de llegar a Tírvia, un cruce a la derecha nos orienta hacia el valle.


El primer pueblo que encontramos es Glorieta o Glorieta de Montesclado, está situado a 1016 msnm. al noroeste de Farrera, a la izquierda del barranco de Mallolís y a levante del barranco de Montesclado, los dos cursos de agua se unen para formar el torrente de la Glorieta.


Según Joan Coromines, el topónimo de Glorieta procede del latín “glatera” , que quiere decir “guijarros”, posiblemente en referencia a la presencia notoria de cantos rodados en sus torrentes.



Roc de la Torre de Glorieta


En el sureste, situado en un peñasco rocoso sobre el pueblo se encuentra “el Roc de la torre” o llamada popularmente “la torre del moro”. Os remito el documento fotográfico de Ricard Ballo.


La fortaleza, que por lo que parece no era más que un robusto torreón amurallado, aparece documentada en el siglo XIII perteneciendo a la familia Bellera. Se dice que a sus pies se formó una pequeña Villa cerrada, pero no queda testimonio de ello.


Se documenta retenido por el conde Foix/Castellbo en garantía del préstamo concedido a Blanca de Bellera, circunstancias de las que hablamos en el anterior post, pero en este caso volvería a depender muy pronto del Pallars Sobirà.

Es decir, nunca llegó a pertenecer al Vizcondado de Castellbó, a diferencia del resto de fortalezas del municipio de Farrera.


Desde el siglo XVI al XVIII consta que perteneció a la Casa Copons. Familia que gobernaría de forma tirana el vizcondado de Vilamur, de la que se tiene muy mal recuerdo y que trataremos de sintetizar las razones en nuestro viaje por el valle de Siarb. 


Se puede subir en coche hasta los pies de la roca, situada en territorio privado, pero con permitida accesibilidad a los pocos restos de la “força”.


Aún podremos contemplar partes de los muros de esquistos irregulares de un grueso considerable. En el muro noreste, más delgado y de mampostería más regular, se abre una puerta con dintel de madera que posiblemente se le añadió mucho más tarde.


El primer censo de la aldea se tiene desde mediados del siglo XIX, en el que se identifican 9 edificios y la iglesia, en la que vivían cuatro famílias, conteniendo 19 habitantes. En la actualidad (2022) figura un censado.


Viniendo de Tírvia lo primero que encontramos, a unos cincuenta metros del primer grupo de casas del pueblo, es la románica iglesia de Sant Quirçe.


“Sant Quirçe” de Glorieta


Sant Quirze, Quirce, Quirico…este niño asesinado junto a su madre Julita en el año 303, tendrían una extendida advocación desde el alto medievo. En la comarca ya hemos ido encontrado varios templos dedicados al considerado, junto a su madre, patrón de los abogados de los pobres, de los aserradores y de los niños.


Poco documentado el templo a lo largo de la historia, tan solo se sabe que el siglo XV estaba integrada en el Oficialado de Tírvia, dependiendo de la iglesia de “Sant Esteve” de Montesclado


Situado sobre una ladera montañosa a 1013 msnm., se encuentra este pequeño templo de una sola nave con base rectangular sin ábside. La cabecera está orientada a suroeste y la adintelada puerta de acceso se encuentra en la fachada meridional.


Se supone que la iglesia románica se levantó alrededor del siglo XI sobre un anterior templo prerrománico.  Se notan varias reformas en los muros, que junto con la forma de la puerta y la planta del templo, hacen pensar que el actual templo continúa otro anterior, siendo reedificado varias veces a lo largo de su historia.


En la fachada de poniente se abre un ojo de buey bocinado, que curiosamente parte una ventana rectangular interior. 


Encima la corona una espadaña de un solo vano sin campana, adintelada en la base y la cabecera, con tejadillo a dos aguas cubierto de pizarra.


En su interior se conservaba una talla de madera románica (s. XIII) de Santa Julita con San Quirico en los brazos, hoy en la iglesia de Montesclado.


Según parece, antiguos vecinos siguen celebrando “l’aplec” dedicada al patrono el 16 de junio.


Las casas del pueblo, dispuestas a cada lado de la única y corta calle, en apariencia se mostraban todas deshabitadas, aunque una lucía modernas reformas con barnizadas ventanas, dinteles, puertas y renovada pizarra en el tejado. 

En otra, colgaba un cartel anunciando estar a la venta y dispuesta sin reformas a que el nuevo dueño las hiciese. No pudimos ver el estado de su interior.


Continuamos la marcha, unos trescientos metros antes de llegar a Montesclado, a la derecha, un desvío nos orienta a su cementerio, en él se encuentran los restos del templo de “Sant Esteve Vell”.



“Sant Esteve Vell de Montesclado”


Tan solo se conserva en pie un muro, en el que una puerta tapiada tiene grabada en piedra la fecha de 1686. En el ángulo de la ábside se conserva una ventana de doble derrame. El resto del muro del ábside no alcanza el metro, por lo que posiblemente los descubráis ocultos tras la naturaleza arbustiva.


Dado que Montesclado requería una visita pausada lo dejamos para la vuelta, sobrepasamos el pueblo, dirigiéndonos a un par de kilómetros al último pueblo del valle.


MALLOLÍS


Está situado a poniente de Alendo, a la izquierda del barranco de Mallolis que los separa y baja la norteña Mata de Mallolís.



Joan Coromines indica que el nombre proviene del catalán antiguo, mallol (Viña abandonada).


Por lo que parece el máximo poblacional se acercó a la veintena en el siglo XIX. Entró en este siglo con 3 habitantes, aumentó a 8 en 2012, pero en 2022 son cinco los censados.


Es curioso y quizás instructivo de su primitiva formación de escaso crecimiento, el observar que siendo un pueblo tan pequeño, está formado por dos núcleos de edificios dispersos a cada lado del barranco. Nunca se unió, ni formó calles ni plazas, siendo al borde del camino que se disponen las puertas de entrada de las casas.




A diferencia de Glorieta, aquí la población en verano crece. Encontramos edificaciones en ruinas engullidas por el bosque, pero también una edificación de mediados del siglo XX nada más acceder al pueblo y contamos cinco edificaciones más del siglo anterior con restaurados techos de pizarra y coches frente a sus puertas.



En el núcleo de viviendas alrededor de la Iglesia de Sant Martí, en la parte alta, destacan las grandes edificaciones de la familia Cal Pergo, Cal Ramonet y Cal Roí…, al menos la de Cal Ramonet la observamos habitada, compartiendo festividad familiar en el patio de entrada a la casona, del que recibimos un entusiasta saludo al pasar por su lado.


Habíamos parado bajo la fuente de Mallolís, para visitar la iglesia románica de Sant Martí.


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Sant Martí de Mallolís 


El templo contiene fundamentos prerrománicos (S. X),  pero por lo que parece ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de los siglos, incluso dos de sus muros fueron levantados en el siglo XIX.


La pequeña iglesia es de planta rectangular con ábside trapezoidal, coronada por una bóveda de cañón.


La mampostería dispuesta horizontalmente es de piedra pizarrosa irregular sin desbastar, complementándose en las esquinas con bloques graníticos.


La puerta de entrada es de medio punto con dovelas radiales, situada en el muro meridional delante del cementerio abandonado y engullido en parte por alta hierba y arbustos. 


En el centro de los muros laterales se pueden ver los contrafuertes que aseguran un arco diafragmático que divide la nave en su interior. El tramo de poniente de la nave se presume ampliado más tarde, adquiriendo este arco la función de dar apoyo y continuidad a la armadura de madera del tejado.


Sobre el piñón del tejado a dos aguas cubierto de pizarra, se levanta una espadaña de dos vanos con arco de medio punto que parecen haber sido modificados varías veces, perdiendo la posible forma de herradura original.


Bajo ella se abre un ojo de buey de clara época posterior, posiblemente del mismo tiempo en el que se hizo la sacristía de planta rectangular, situada en la parte meridional del ábside, ocupando parte de la nave.



Realizamos un corto paseo circular transitando por los caminos que dan acceso a los aislados grupo de casas. Aunque nadie nos reprochó nada, sentimos el estar invadiendo un espacio privado.


Retomamos motorizados el camino en dirección a Montesclado, en el que haríamos una parada más larga, saboreando la solera del único núcleo humano del barranco de Glorieta con actividad de pueblo.



MONTESCLADO


Según Joan Coromines el topónimo de Montesclado pertenece al catalán antiguo: mont (montaña) y usclat (quemado), es decir: montaña quemada.


No encontré referencias de su época medieval, dado que no parece tener ningún papel ni defensivo ni de paso comercial. Carezco de datos sobre su censo hasta el siglo XIX que aparece con ayuntamiento propio y una población de 40 habitantes.


El territorio es pedregoso y montañoso, tan sólo la montaña de Sant Andreu está poblada de pinos y arbustos, aportando la leña al pueblo. En una tierra de mediana calidad se cultivaba trigo, centeno, patatas, trigo sarraceno, hortalizas, hierba y legumbres. Se criaban cabras y vacas. La cacería era abundante de perdices y liebres. 


 Manteniéndose oscilante la población durante el siglo XX, comenzaría con un aumento en las primeras décadas y se producirá el mayor éxodo a finales, entraría en este siglo con 23 vecinos, siendo hoy (2022) 43 los censados. Es el pueblo del municipio de Farrera que más ha crecido en estas dos últimas décadas.


La Fiesta Mayor es el último fin de semana de septiembre.

La Fiesta patronal, Sant Esteve, es el 26 de diciembre.


El pueblo se extiende de forma escalonada por la ladera de la montaña. Muestra una aparente forma compacta, pero sus calles no son más que las separaciones naturales entre el conjunto de edificios que de forma dispersa se organizan.




Las edificaciones son más de la mitad anteriores al siglo XX, la mayor parte del resto lo conforman casas modernamente restauradas o levantadas en las primeras décadas del siglo XX. Lo que quizás explica un momento de auge importante de su economía, pero no encontré confirmación de ello.



Continuando en parte la tradicional actividad agrícola y ganadera, el crecimiento del turismo rural en este siglo se ha convertido en una de sus fuentes de riqueza. Cuenta con un número importante de segundas residencias.



El pueblo no dispone de restaurante, pero disfruta de dos casas de turismo rural de reputada fama. Necesitan reservar con tiempo en verano, ya que comparten el encanto rural de este pueblo, en el que son populares las estancias familiares.


Casa rural Maria Antonia, con una capacidad máxima de doce personas. Tiene una valoración, hasta ahora de pocos usuarios (2022) de 9,2. Se destaca la situación, la calidez del lugar y la atención de la anfitriona.

 Lo Paller del Roc. Es un antiguo pajar reconvertido en casa rural, tiene el inconveniente de no poder aparcar en las cercanías, pero lo suple su excelente gastronomía casera, la atención de los dueños y un excelente café.. Los numerosos usuarios le otorgan un 9,4.


Sant Esteve de Montesclado


En la parte baja del pueblo en su vertiente occidental, encontraréis una bella postal con aire medieval delante del campanario de la nueva Iglesia de Sant Esteve de Montesclado.



Las primeras noticias de esta iglesia barroca son del 1314, cuando fue objeto de visita del arzobispado de Tarragona, al formar parte del decanato de Cardós.


La iglesia remplazó Sant Esteve Vell, conservando la advocación al protomártir.


Por lo que se aprecia en la foto (2022), en nuestra visita no pudimos acceder ni a la fachada principal del templo, ni tampoco a su interior.


El templo es de una sola nave con capillas laterales, está cubierta con una bóveda de arista que descansa sobre pequeñas ménsulasEl muro exterior lateral situado al este de la nave está redondeado. 

La sillería es de piedra pizarrosa de pequeño tamaño y aún se puede ver restos del rebozado que un día la cubrió.


La cabecera está orientada a mediodía y la puerta de acceso de medio punto se encuentra a los pies de la nave, formando un pequeño atrio con la base del campanario.


El singular y alto campanario, que también parece haber tenido bastantes reformas, está situado en el extremo de la nave con una base casi cuadrada que se transforma en trapezoidal irregular en la parte alta del segundo cuerpo.


En la parte superior se abren dos pisos de ventanas con arco de medio punto, cegada las del piso inferior en la fachada norte y este, mientras que en la cara sur y en la cara oeste no hay vano ni campana superior (ni tampoco señal de que lo hubo), pero tiene un vano en la parte inferior.


Está coronada por un bajo pero ancho capitel cubierto de pizarra, con inflexión baja hacia la base de amplio alero. Una lucerna le aporta luz. 


Durante la guerra civil sufrió graves daños estructurales, por lo que requirió una importante restauración. 


En el interior, en la pared del ábside se puede observar una pintura mural de San Esteban de 1970 del pintor J.Verdaguer.


Vale la pena recorrer el pueblo con tranquilidad, la esencia de su arquitectura rural está mantenida de forma humilde y funcional, sin orgullos florales, pero limpia, ordenada y conservadora de la tradicional arquitectura.

El pueblo es un encanto con sabor añejo y espectacular la belleza del paisaje que lo circunda.



Regresamos en coche en pausado tránsito, ahora el bosque oscurecía el camino, momento en el que los animales, cruzan sin miramiento la calzada… Efectivamente tuvimos la suerte de ver pasar por delante nuestro un grupo de tres corzos, nosotros paramos pero ellos pronto se perdieron tras el follaje arbustivo.


Senderismo desde Montesclado


Tan solo con el paseo en coche, hemos descubierto un maravilloso entorno que nos invita a profundizar en él, pisando las antiguas sendas que unían pueblos, bordas y valles. Desde Montesclado, os dejo esta cincuentena de propuestas de Wikiloc.


La bucólica postal de Tírvia al atardecer nos motivó el prever en el futuro, recorrer caminando desde allí en ruta circular, los siete pueblos que componen el municipio de Farrera, pero también podemos partir desde Llavorsí, una forma es la de esta propuesta circular de Wikiloc, con una dificultad técnica fácil, desnivel positivo de 705 m., necesitaréis poco más de ocho horas para recorrer los 20 km.



Terminamos  el día cenando en Llavorsí, después hicimos nuestro último paseo nocturno por la Villa a modo de despedida, al lado del río saboreamos durante media hora un firmamento cargado de estrellas.


Al día siguiente teníamos previsto recorrer el Valle del Noguera Cardós”, Rutas 8 y 9, haciendo noche en Tavascán



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Los feudatarios Bellera


En la nota final de este post me gustaría, dando colofón y comprensión a los acontecimientos que rodearon en el bajo medievo la vida feudal en la Vallferrera, Tírvia y Farrera, de los que hemos ido haciendo pequeños apuntes, pero a colación de Blanca de Bellera, mujer del conde del Pallars Sobirà Ramón Roger I, quiero hace una pequeña referencia a este apellido de gran importancia en el nacimiento del reino de Cataluña y especialmente en el desarrollo del condado del Pallars Sobirà.


La historia de esta familia se entrelaza durante ocho siglos con la del territorio catalán, convirtiéndose en un testimonio continuo del proceso de feudalización de los Pirineos catalanes occidentales desde sus orígenes hasta el siglo XVI.


Aunque su origen está vinculado al condado del Pallars Jussà, desde el siglo VIII/IX se extendería, igual que su ganado ovino/caprino por el Valle de Àssua, se le enfeudó bajo los condes del Pallars Sobirà importantes territorios, en un principio Tírvia y la coma de Burg ( siglo XIII), más tarde la baronía del Valle de Àsua y de Rialp desde el siglo XIV hasta finales del XV (lugares desde los que volveremos a hablar de este noble apellido), en el caso de Blanca de Bellera también mantendría posesiones durante un corto espacio de tiempo en el Pla de Corts.


La familia seguiría teniendo un importante poder político y económico durante el siglo XV, siendo la figura -quizás a nivel de Cataluña la más importante- de Arnau Guillem de Bellera, que acabó siendo Veguer (magistrado) de Barcelona de 1399 a 1405 y gobernador de Valencia de 1409 a 1412, lugar en el que falleceria defendiendo la causa de Jaume II d'Urgell.


Interesante es el trabajo de investigación (libre en la red) de Armando Bellieri:

“Historia de una antigua familia catalana: Los Bellera”.


En poco más de una treintena de páginas, el historiador nos embulle en el desarrollo de esta casa feudal, documentada su existencia desde el siglo VIII.


Su contenido, bajo mi humilde criterio, es más épico que descriptivo de la sociedad feudal, con muy pocas referencias a la situación de los “siervos”, dado que todo se centra en los que la documentaron: Nobleza y Obispado.


Pero nos sintetiza de forma didáctica, con un lenguaje llano y con interesantes detalles históricos (al menos desconocidos para mí), no tan solo el pasado “glorioso y guerrero” de la saga de esta baronía hasta su decadencia moderna, sino también y en especial por la entretenida clase de historia, una interesante síntesis de la implantación y el desarrollo del feudalismo en los Pirineos catalanes.


Aunque el capítulo acaba en el siglo XVI, momento de decadencia de la baronía, el apellido de Belleda continuaría dejando huella de su presencia en la isla de Malta, Sicilia, Nápoles, los Países Bajos, Francia y Reino Unido, desde éste último reino se trasladaría el primer poblador de Pensilvania de la rama inglesa de los Belierds.


En el siglo XVIII desembarca en Buenos Aires, Joan Bellera, según parece siendo el primero de la saga de los Beliera argentinos. 


Dedujimos que el autor Armando Bellieri, también argentino, debe su apellido a otros descendientes de esta familia provenientes de Italia.


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